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Liderazgo Gestión & Productividad


Escrito por Mario Curatolo el 02 de Febrero del 2012

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La capacidad del liderazgo para afectar la relación entre el clima laboral (cultura empresarial) y el nivel de productividad de las empresas, ha hecho que el liderazgo resulte clave para determinar la capacidad competitiva de las empresas modernas. Sin embargo, el alcance del papel del liderazgo en la gestión de la empresa, se ha sobredimensionado, a expensas de limitar el alcance del papel del gerente. Al valorar y definir las directrices que emanan del liderazgo empresarial, el gerente, más que sustituir al empresario líder, lo representa en día-día de la empresa, legitimando la cultura empresarial, al traducir en acciones operativas, las indicaciones sobre metas y objetivos marcados por el empresario.

 

La importancia del papel del liderazgo en las empresas modernas ha llegado a relacionarse no sólo su gestión operativa, si no con su incidencia en el  nivel de productividad. En este contexto, la capacidad del liderazgo para afectar la relación entre el clima laboral (cultura empresarial) y el nivel de productividad de las empresas, ha hecho que el liderazgo resulte clave para determinar la capacidad competitiva de las empresas modernas. Sin embargo, el alcance del papel del liderazgo en la gestión de la empresa, se ha sobredimensionado, a expensas de limitar el alcance del papel del gerente. El cambio en el desarrollo operativo de la empresa,  no es tanto el resultado de un mayor o menor nivel de liderazgo, si no consecuencia del estilo de dirección que le imprime el gerente al ajustar la relación entre liderazgo y productividad.

En la medida que la realidad operativa de la empresa, termina definiendo su cultura organizativa, la gerencia, establecerá las prioridades y el modo cómo han de alcanzase en la empresa. Al valorar y definir las directrices que emanan del liderazgo empresarial,  el gerente, más que sustituir al empresario líder, lo representa en día-día de la empresa, legitimando la cultura empresarial, al  traducir en acciones operativas, las indicaciones sobre metas y objetivos marcados por el empresario. La capacidad del gerente de lograr una sintonía entre liderazgo y gestión resulta crucial para consecución no sólo de un mejor clima laboral, si no, de una mayor  productividad. Dado que no hay garantías que la capacidad de marcar los objetivos por parte del líder, sea ni necesaria ni suficiente para alcanzarlos, la actuación del gerente se revela muy importante a efectos de garantizar sobre todo un aumento de la productividad. La capacidad interpretativa del gerente, para traducir los objetivos empresariales, en pautas de organización y gestión del trabajo, permitirá legitimar la cultura empresarial, cuando los resultados acompañen su gestión. Para que esto suceda, el gerente tendrá que gestionar la relación entre clima laboral y productividad para maximizar, en cada momento y situación, la eficiencia operativa de la empresa.

 

A través de una matriz, en la que se combinan mayores y menores niveles de  productividad con mayores y menores niveles de clima laboral en la empresa, el gerente identifica cuatro escenarios en los que poder aplicar una modalidad de gestión que le permita  maximizar el grado de eficiencia operativa de la empresa (el mayor grado de clima laboral que genere el mayor grado de productividad).    

El cuadrante superior izquierdo de la matriz, revela un escenario en el que existe una combinación alta de clima laboral con productividad. Este escenario, es el más deseable en cuanto refleja que se están cubriendo por una parte los objetivos de los grupos de trabajo (maximización del clima laboral-identificación máxima con la cultura empresarial) y por otro los de la propia empresa (maximización de la productividad). La  vinculación exitosa entre clima laboral y productividad, hace posible elevar el esfuerzo individual a través de la motivación para generar una satisfacción con una cultura empresarial que recompensa el buen hacer de los empleados, con un buen sistema de salarios, incentivos, desarrollo de carreras profesionales, etc. Como resultado, el clima laboral eleva e incrementa la eficiencia de los empleados, obteniendo de éstos una alta productividad, que refuerza el propio clima laboral, creando un círculo virtuoso que diferencia la empresa de sus competidores. A este punto, la empresa funciona más como una unidad que como la suma de las diferentes partes que la componen.


El cuadrante superior derecho, revela un escenario en el que existe un clima laboral bajo con una productividad alta. En este escenario, la empresa puede aumentar su productividad (mediante la planificación y/o la aptitud de los integrantes de la empresa), sin preocuparse por mejorar la motivación del personal. En este contexto, todo el peso de la productividad radica en la acción incesante de la dirección, sin que los empleados se involucren con la empresa. La cultura empresarial persigue como objetivo central la optimización de las características técnicas del producto/servicio y la maximización de la productividad. Esta situación es propia de empresas intensivas en capital, donde la naturaleza inelástica de la demanda de sus productos/servicios,  las coloca en una posición competitiva de quasi-monopolio. En este contexto, la gestión empresarial adopta connotaciones dirigistas basadas en motivaciones estrictamente monetarias vinculadas con la consecución de objetivos de productividad. La no-consecución de los objetivos mínimos, se combate con unas  “políticas del miedo”, basadas en el recurso a penalizaciones, sanciones o despidos.  Si bien, este escenario parece contradecir la relación directa que debería existir entre clima laboral y productividad, dicha contradicción se explica sólo como parte de un fenómeno transitorio de corto plazo. En el medio o largo plazo, la falta de un liderazgo eficaz, terminará lastrando la eficiencia del personal, a medida que el mal clima laboral, haga que se pierda el potencial de los grupos de orientar los esfuerzos de los empleados. Al no haber incentivos más que los estrictamente monetarios vinculados con la productividad, la motivación por mantenerse profesionalmente al día terminará haciendo que los empleados no tengan la formación suficiente y las habilidades necesarias para mejorar la productividad a medio y largo plazo. En este contexto, las actuaciones de un buen gerente (órgano directivo), más que un buen líder, garantizará, un alto potencial productivo y de eficiencia en un clima laboral bajo.

El cuadrante inferior izquierdo, revela un escenario en el que existe un clima laboral alto con una productividad baja. En este escenario, no obstante, la preocupación del liderazgo por garantizar un buen clima laboral, esto no se traduce en una productividad elevada.  El excesivo peso del liderazgo en el desarrollo de una cultura empresarial sólida, hace que se  pierda una gran parte del potencial productivo y de la eficiencia al no canalizarse la motivación hacia la productividad. En este escenario, el clima laboral y el liderazgo, se relacionan de formas diversas en cuanto la cultura empresarial concibe  la idea de productividad con los empleados, pero sin una vinculación con unos niveles mínimos de productividad en el trabajo. De ahí que la productividad se transforme en un concepto etéreo y teórico ajeno a la realidad operativa de la empresa, poniendo en peligro su supervivencia. En este caso, el gerente, más que el líder, deberá revertir el clima laboral de la empresa, internalizando la necesidad de maximizar la productividad entre todos los empleados. Sólo un buen órgano directivo, puede, en estos casos, asegurar que los empleados acepten la necesidad de contar con una formación suficiente que les permita operar en un entorno en el que se premia la mejora de sus niveles de productividad. Que la empresa se preocupe por conseguir un buen clima laboral, no garantiza una productividad elevada, ya que, el alcanzar objetivos individuales y de grupo, no implica alcanzar objetivos que eleven la productividad


El cuadrante inferior derecho, revela un escenario en el que existe un clima laboral bajo con una productividad baja. Este escenario, sintetiza una situación en la que la empresa no logra, ni una buena productividad, ni un buen clima laboral, debido en gran parte al echo que carece de una dirección efectiva, capaz de garantizar la motivación y el rendimiento del personal. Esto hace que la empresa, no sólo, no esté cumpliendo con los objetivos grupales e individuales, si no que no alcance una mayor productividad. Poco puede hacer el gerente, en estos casos, mas que intentar cambiar la mentalidad del propio empresario, redibujando sus objetivos y asumiendo la responsabilidad de aumentar la formación del personal, analizando las áreas administrativas de la organización y repasando la distribución de tareas, en un esfuerzo por reconducir una nave a la deriva en la que, la falta de liderazgo, complica la consecución de unos objetivos de productividad y por tanto de la viabilidad operativa de la empresa.

 

Las exigencias competitivas fuerzan las empresas modernas a considerar no sólo la necesidad de alcanzar un clima laboral elevado, si no, garantizar que dicho clima se materialice en una alta productividad y eficiencia para la empresa.

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