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Liderazgo Colectivo o "El todos para uno y uno para todos"


Escrito por Mario Curatolo el 14 de Junio del 2012

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La dinámica del entorno económico moderno se caracteriza por la naturaleza fundamental de los cambios que afectan no sólo a las empresas sino a sus ejecutivos. La expectativa de que, a nivel individual, ejecutivos dotados de capacidades y competencias excepcionales, guiarán la empresa, en su travesía del mercado, hacia la consecución de los objetivos corporativos, resulta, cada vez, menos creíble. El incremento en la rotación de los consejeros delegados de las empresas, revela las presiones competitivas y el incremento regulatorio a la que se ven sometidas las empresas y a las que reaccionan, condicionando, a los  resultados empresariales, la continuidad de sus directivos. Más allá de remitir, la marea de exigencias empresariales continuará aumentando, potenciando el desfile de consejeros delegados de todo tipo y color en las empresas. En la medida que las empresas multinacionales reconozcan esta tendencia, buscarán fórmulas nuevas y efectivas para superar las incertidumbres asociadas a operar en este nuevo contexto empresarial. Si, las empresas, no pueden depender de sus líderes, para alcanzar sus objetivos, tendrán que reinventar el liderazgo para sobrevivir como empresa. Esto implica, repensar, cómo mejorar la ejecución y consecución de las estrategias empresariales. Sólo a través del liderazgo colectivo, es posible, transformar la debilidad del liderazgo individual, en una fortaleza operativa para la empresa.

El liderazgo empresarial ya no es una responsabilidad individual, sino colectiva. Esto, implica que, estamos, no tanto, ante un “efecto péndulo” (donde, la realidad empresarial se circunscribe, a dos modalidades de entender el liderazgo; la de ordeno y mando y todas las demás), sino más bien, ante el final de un paradigma y el inicio de uno nuevo, en el que se contempla, una nueva forma de entender el liderazgo en las empresas. 

El liderazgo colectivo, representa esta nueva forma de entender, cómo las empresas buscan superar, las deficiencias tradicionales del liderazgo individual. Esta modalidad de liderazgo, se basa en, capitalizar, todos los elementos, que directa o indirectamente, influyen en el compromiso de los empleados con la empresa. El aumento de la competencia, no sólo, ha forzado una internacionalización de los negocios, sino que a llevado a un incremento de las fusiones y adquisiciones (M&A) redundando, en la creación de empresas mas grandes y culturalmente más complejas. De ahí que, las empresas modernas, abandonen paulatinamente el liderazgo individual, y potencien el liderazgo colectivo, como fórmula más efectiva, para alcanzar los objetivos empresariales. La idea detrás del liderazgo colectivo, es, aunar, en una causa común, las actuaciones de una fuerza laboral multicultural. Potenciando la adhesión, no tanto, a un individuo, sino, a una causa, el liderazgo colectivo, actúa como una masilla, que mantiene unida a empresas, no sólo, muy diversas, sino, altamente complejas. Eso explica, cómo, el compromiso con la consecución de los objetivos corporativos, que  fomenta, dentro de la empresa, el liderazgo colectivo, termina actuando como un catalizador, que potencia las aportaciones generadas por la diversidad de experiencias, formación y espíritu creativo de todos los empleados, haciendo innecesario, el recurso al liderazgo individual. Por tanto, en la medida que, el liderazgo colectivo, se transforme, en la estrategia empresarial, la empresa, podrá alcanzar resultados globales, superiores, a la suma de las aportaciones individuales de sus trabajadores.

La evolución de un liderazgo individual a liderazgo colectivo, responde, en gran medida, a las transformaciones, experimentadas por las empresas modernas. La naturaleza integradora de los conglomerados modernos, no se circunscribe sólo a la fusión de intereses financieros, sino, a la con-división de intereses y expectativas, de culturas empresariales diversas. De ahí que, la necesidad, de hacer funcionar una empresa moderna, dependa, no sólo, de sus recursos financieros, sino de que su fuerza laboral, se identifique con los objetivos corporativos de la empresa. Liderar, en este contexto, no puede seguir siendo, sinónimo de control, sino, de cooperación. La complejidad, no sólo, financiera, sino,  legal y en particular, socio-cultural de la empresa moderna, hace inviable, operativamente, un liderazgo basado en la autoridad, control o dominio de una parte sobre la otra. 

El gráfico de la estructura del liderazgo individual, ilustra, cómo, las empresas, aún, potenciando la integración de los trabajadores alrededor de objetivos empresariales comunes, terminan imponiendo la adhesión al mismo, a través de un liderazgo tradicional, basado en una estructura de comunicación interna, en la que impera la filosofía del “ordeno y mando”. En esta estructura organizativa, terminan conviviendo, por un lado, la figura del líder individual responsable de conseguir la adhesión del seguidor (liderado), al proyecto de empresa, con la de, un modelo organizativo, que busca la colaboración e identificación de los trabajadores, con el proyecto empresarial

El gráfico de la estructura del liderazgo colectivo, ilustra, cómo, al integrar los trabajadores en el liderazgo de la empresa, se termina reinventando, el liderazgo de la empresa. Si se reemplaza la distinción jerárquica entre líder y liderados, por una visión de empresa en la que, el liderazgo empresarial lo gestionan, internamente, los socios (toda la fuerza laboral), el compromiso de los trabajadores con el “destino” de la empresa, se hace más fuerte y el sentido de interdependencia, del “todos para uno y uno para todos”, toma el relevo, del individualismo tradicional, del “sálvese quien pueda”. De ahí que, al coexistir, culturalmente, la dirección, alineación y compromiso, de todos los trabajadores, con los valores corporativos, el liderazgo colectivo en la empresa, emerge de modo natural, a medida que, la “fe” en los valores corporativos, se traslada al comportamiento operativo de todos los trabajadores.

La consolidación del liderazgo colectivo, lleva, no sólo, a una dirección, alineación y compromiso, de la fuerza laboral con los objetivos corporativos, sino, a una extensión de la conformidad del trabajador con los objetivos de la empresa, a través de la presión social en el trabajo. La influencia, que, individualmente,  puede ejercer, el jefe directo (líder), sobre el trabajador, se ve incrementada por  la presión social que, sobre él, ejercen sus compañeros y colegas de trabajo, para que, directa o indirectamente, reitere su compromiso y adhesión a los objetivos corporativos. La presión sobre el individuo, para que conforme, ya no es, sólo, vertical (influencia ejercida por el jefe directo sobre el trabajador),  sino también lateral (en inglés se conoce por: peer-pressure) en la medida que otros trabajadores ejercen influencia sobre el grado de consecución de los objetivos empresariales, del propio trabajador. En este sentido, el liderazgo, no puede explicarse de modo jerárquico, ya que, no sólo, se ejerce de arriba hacia abajo, sino, también de abajo hacia arriba y lateralmente, en un complejo de influencias sociales y psicológicas, carente de estructura, en las que, las influencias interpersonales y culturales, tienen más peso que las categorías profesionales.

A través del liderazgo colectivo, las empresas, pueden conseguir que los trabajadores se ajusten más fácilmente a los cambios que demanda la empresa. El compromiso con los valores corporativos, hace que, los mismos trabajadores, transformen la cultura empresarial y legitimen la necesidad del cambio. Esta transformación de la cultura empresarial, resulta, no sólo, menos costosa, para la empresa, sino, más efectiva, que, las tradicionales estrategias de formación, orientadas a generar y promover la adaptación de la empresa a los cambios del entorno.

El liderazgo colectivo, por tanto, promueve el desarrollo, no sólo, de una fuerte disposición personal a actuar en línea con los valores corporativos de la empresa (la disposición a creer, surge de la conceptualización, por parte del individuo, de un mapa mental de valores y deseos -AKA mental map-) sino, a  llevar a la práctica, la disposición a actuar, según esos valores (refrendar con el ejemplo la creencia en los valores corporativos).  En este sentido, el liderazgo colectivo actúa como una estrategia empresarial cuyo éxito depende, no sólo, de que se maximicen los objetivos individuales (departamento, división, área, mercado), sino, también, los objetivos colectivos, a medida que, la interdependencia, resulta crucial, para la supervivencia y crecimiento de la empresa.

El liderazgo, individual o colectivo, no alcanzará nunca la excelencia empresarial, a menos que, recompense, tanto, la excelencia individual, como, la colectiva. El verdadero liderazgo radica en comprender que, ninguna empresa, podrá sobrevivir mucho tiempo, si menosprecia el principio de la interdependencia y del “todos para uno y uno para todos”.

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1 Comentarios

9 - 7 - 2012 5:1:15
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Excelenrte articulo! Creo que esta estrategia es muy apropiada para los tiempos que corren y las empresas que quieren tomar riesgos para crecer. Concluyo , que la responsabilidad de las decisiones y de los riesgos que ellas conllevan es uno para todos y todos para uno. Habria sido muy bueno si Barclys habria considerado tu approach cuando en el 2008, se compraron Lehman invirtiendo cientos de millones creando plataformas de inversion en Asia y Europa que no han dado el fruto esperado y ahora se estan peleando con el gobierno de UK por el LIBOR. Tu estrategia les habria salvado de lo que esta ocurriendo ahora.

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