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La franquicia como negocio integral


Escrito por Mario Curatolo el 07 de Febrero del 2012

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Si bien, resulta innegable la importancia de la formación, tanto, para los franquiciados, como, para sus dependientes, el tema de la formación en la franquicia, no se puede tratar del mismo modo como se trata la formación en empresas que no hacen parte de ninguna red empresarial.

 

En un reciente artículo (Tormo.com, Jueves, 02 de febrero de 2012) titulado “La importancia de la formación en la franquicia” se hacía hincapié  en el papel de la formación continua y específica como pilares del éxito de  una franquicia.  Si bien, resulta innegable la importancia de la formación, tanto, para los franquiciados, como, para sus dependientes, el tema de la formación en la franquicia, no se puede tratar del mismo modo como se trata la formación en empresas que no hacen parte de ninguna red empresarial.

Al ser la franquicia un sistema de distribución integrado en el que imagen, producto, filosofía de negocio, logística, marca, prestigio se funden en una concepción particularizada de lo que la franquicia como negocio pretende ser, la actividad formativa, no puede nunca ser externalizada, ni dejada al libre albedrío del franquiciado. Al entrar a formar parte de una franquicia, el inversor, entra a formar parte de un universo de reglas estrictas que delimitan su libertad de actuación. El inversor se convierte en un peón de la organización que asume, por contrato,  su desarrollo y formación como franquiciado. A partir de ese momento, la franquicia velará (al igual que lo hace una orden religiosa con sus miembros), por la formación del franquiciado, transmitiéndole los principios filosóficos de la franquicia y la necesidad de internalizar la ética de trabajo, esfuerzo, dedicación y lealtad con la marca. La idea no es otra que la de  transformar al franquiciado en una extensión de la franquicia. A este punto, los objetivos del franquiciado serán los objetivos de la franquicia, y el franqiciado será, por así decirlo, una rama más, de las que configuran el árbol de la franquicia. Todas las ramas de este árbol se alimentan de la misma savia que fluye del mismo tronco y que viene de las entrañas del concepto sobre el que se asienta el negocio de la franquicia. Al ser parte del mismo tronco y alimentarse de la misma savia, todos cuidan de todos en un ejercicio de autointerés por preservar y mantener la sostenibilidad del negocio (árbol-franquicia) en el largo plazo.

El franquiciador, ha de ejercer su papel de líder a nivel macro, enseñando a los franquiciados a reproducir ese liderazgo a nivel micro.  El éxito comercial de una franquicia empieza no sólo con la transformación cultural de los franquiciados, si no con la actividad del productor (futuro franquiciador) para idear, diseñar, organizar y crear la franquicia de su producto/servicio. La viabilidad comercial de una franquicia dependerá, primero, de cuan bien esté planteada la franquicia del producto/servicio.  
 
Sólo si, el cómo franquiciar el negocio, resuta claro,  la filosofía comercial de la franquicia, podrá ser plasmada en el contrato de franquicia. El contrato de franquicia, al constituir  el referente que reproduce los principios sobre los que se basará la relación entre franquiciador y franquiciado, representa la hoja de ruta de la franquicia. En él,  se especifican los derechos y obligaciones de las partes contratantes y la visión del espíritu operativo sobre el que se asienta la relación entre franquiciador y franquiciado. Si bien, gran parte del éxito inicial y futuro de una franquicia, depende de la seguridad jurídica existente en el mercado, al igual que con un matrimonio, los conyugues, han de resultar compatibles para que la unión funcione. Si bien, en la franquicia, la unión no es para toda la vida, sí lo es por un período muy largo de tiempo. Esto presupone un riguroso proceso de selección del futuro franquiciado (socio comercial) en aras de garantizar su permanencia en la franquicia.

Una vez seleccionado el candidato que se ajusta a los requerimientos y expectativas de la franquicia,  comienza un proceso de instrucción y adoctrinamiento en la gestión del punto venta. Si bien, la inversión inicial del franquiciador en la formación del franquiciado suele ser bastante grande, en el medio y largo plazo, el retorno de la inversión inicial es compensado por la profesionalidad y productividad de un franquiciado cuya lealtad y compromiso con los objetivos de la franquicia excederán la mera consecución de los objetivos mínimos de venta de la franquicia.  De echo, no es inusual, el caso de que un mismo franquiciado  posea más de un negocio. Es responsabilidad de la franquicia y no del franquiciado, garantizar la formación continuada de éste a lo largo de toda la vida del negocio.

El paso del franquiciado, de la condición de lego entusiasta,  a gestor profesional de su propio negocio, a líder y formador de su propio personal, representa una carrera vital en la que, la inversión de la  franquicia en sus franquiciados, termina creando una clase de empresarios capaces de generar riqueza para la franquicia y para ellos mismo.  


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