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La simplicidad como estandarte de la gestión empresarial


Escrito por Mario Curatolo el 18 de Julio del 2012

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La simplificación operativa, ha siempre formado parte del “sentido común” que ha guiado la gestión del empresario a lo largo de la historia. El exceso de información y tecnología ha hecho que la gestión empresarial se vuelva innecesariamente compleja sacrificando la consecución de la simplicidad como el más básico de los principios que debe regir la creación y gestión de cualquier negocio.

 Si bien, en los últimos años, tanto a nivel académico, como empresarial, se ha tendido a reiterar, la necesidad de potenciar la simplicidad en la gestión  empresarial como fórmula para mejorar la eficiencia operativa de las empresas modernas, la realidad es que, la simplificación operativa, ha siempre formado parte del “sentido común” que ha guiado la gestión del empresario a lo largo de la historia. Por tanto, el recurso, a la simplicidad como fórmula de concepción de la gestión, no sólo, no es nada nuevo, sino que, hace parte, del más básico de los principios que rige la creación y gestión de cualquier negocio. 


La cuestión, entonces, es: ¿Porqué tanto interés en reiterar la necesidad de que las empresas modernas hagan un esfuerzo por simplificar su gestión operativa? La razón que parece estar detrás de esta preocupación, responde  al hecho que la gestión empresarial moderna, se ha vuelto más compleja, a medida que las empresas han  perdido de vista la esencia de su negocio. El exceso de información y tecnología del entorno empresarial moderno, ha contribuido, no sólo, ha añadir humo y ruido, a una gestión empresarial, relativamente simple, con objetivos bien definidos, sino, que ha terminado, por alterar, el rumbo mismo de las empresas.  A medida que estas, sucumben a la convicción de que tienen que modificar su gestión y objetivos para sortear los nuevos y grandes obstáculos del mercado moderno, su gestión, se complica.

En un cierto sentido, podría decirse, que la empresa, al concentrar sus energías en asimilar todos los datos que le llegan del mercado, termina siendo incapaz de gestionar la diversidad y complejidad de esta información. De ahí que, al igual que los árboles, impiden ver el bosque, el exceso de información y tecnología, termina desorientando las empresas. Al “perder el norte”, las empresas,  pierden, no solo, la perspectiva de la claridad y simplicidad de sus objetivos iniciales, sino, también, lo que les diferenciaba, de la competencia.  La complejidad de la gestión empresarial, es producto, en gran medida, de la intervención humana, que, altera la simplicidad de los procesos iniciales de gestión, en un intento por mejorar la eficiencia operativa de la empresa. La tecnología, por tanto, más que, simplificar la gestión, la complica, generando, para todos los trabajadores en la empresa, más trabajo de control y análisis de todo tipo de datos e información.    

Ello lleva, a los trabajadores, a experimentar, a medida que cambian las funciones y competencias operativas de la empresa, una paulatina confusión, respecto a cual es la misión y los objetivos de la empresa, y cual es, su papel, como trabajadores, dentro de la empresa. Al complicarse la gestión empresarial, se produce, también, un progresivo desencanto entre los consumidores, al constatar, la naturaleza, cada vez menos diferenciada, y exclusiva de los productos y servicios de la empresa. 

Esto ha hecho que, la simplicidad, como concepto “guía” del ideario empresarial, terminase, transformándose, en un instrumento de contraofensiva estratégica, que las empresas usan, para recuperar la esencia de su concepto como negocio (Sense and Simplicity). A través del recurso a la simplificación operativa, las empresas buscan, por una parte,  descontaminarse de la complejidad generada, en sus procesos de gestión, por el humo y ruido de la tecnología e información del mercado, y por otra, por la necesidad de evitar que, al potenciar la calidad en su gestión, no terminen olvidando quienes son y a donde quieren ir como empresa.  

La simplicidad, por tanto, no es un antídoto/vacuna contra el incremento de la confusión en la gestión empresarial, que  puede ser inoculado, a discreción, para facilitar la capacidad de las empresas de asimilar el exceso de información y tecnología del mercado. La simplicidad, tiene que ser parte del código genético cultural de la empresa, para que, condicione el modo de pensar y actuar de todos sus trabajadores. Sólo así, la empresa, evitará caer en la tentación de responder, a la presión, del humo y ruido del mercado, con mayores dosis actualizadas de la vacuna de la simplicidad, que, sólo, incrementarán, su dependencia de la complejidad en los procesos de gestión. 

Si el ideario empresarial de simplicidad, se basa en que, el éxito de toda actividad empresarial, deba ser, no sólo, fácil de acometer (easy to do), sino, también, fácil de entender (easy to use or understand),  el énfasis, en simplificar la gestión de las empresas, es indicativo, de cómo, el grado de complejidad de la misma, está impidiendo a las empresas, identificar y concentrar sus actuaciones. El poder de la simplicidad, estriba en que,  tanto empleados como directivos, tengan claro, donde y cómo focalizar sus esfuerzos. La simplicidad es un problema de focalización. La focalización permitirá a la empresa alcanzar los máximos resultados, con el mínimo esfuerzo y en el tiempo más breve, condicionando de este modo, el grado de eficiencia operativa de la empresa. 

 

La capacidad de mantener este equilibrio entre simplicidad y eficiencia no es fácil, ya que, a medida que la empresa crece, se produce una relación inversa entre simplicidad de gestión y eficiencia operativa. Al invertir más recursos, en tecnología e información, para, supuestamente, anticiparse a los cambios del entorno (planificación, gestión de riesgos etc), las empresas, incrementan la complejidad de su gestión operativa (burocracia interna), disminuyendo su eficiencia real, como empresas.   Esto, no quiere decir, que el recurso a la tecnología y la información, lleven necesariamente, a un incremento de la complejidad en la gestión empresarial. El problema con la información y la tecnología, es el “exceso” de las mismas. Este exceso, es el que lleva a las empresas a “sobre-gestionar y sobre-complicar” (overengineered – overcomplicated) su funcionamiento. Al  crear rutinas y estrategias de actualización, las empresas, terminan, no sólo, añadiendo más capas de complejidad operativa a su gestión empresarial, sino, cambiando la fisonomía original del negocio.  Si bien, la verdadera simplicidad, para las empresas, puede resultar, inalcanzable, la simplicidad operativa, debe actuar, siempre, como un  “referente guía” (bench-mark), en la toma de decisiones. Al extenderse a todos los ámbitos de funcionamiento de la empresa, la simplicidad, actúa  de estandarte cultural que guía la gestión de las empresas, permitiéndoles, no sólo, crear y desarrollar nuevos productos, sino, transformar, renovar y reinventar la empresa.    

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