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Hasta que punto, el objetivo y el propósito del negocio, condicionan, el éxito de su estrategia empresarial


Escrito por Mario Curatolo el 07 de Setiembre del 2012

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La claridad de los objetivos y propósitos del negocio, es lo que termina, facilitando, la elección, no sólo, de la estrategia empresarial, sino, del camino que ha de seguir la empresa, para desarrollar, a medio y largo plazo, dicha estrategia. La coherencia, por tanto, entre, estrategia elegida y cultura empresarial, es lo que permitirá a la empresa adaptarse, a un entorno dinámico, sin cambiar de estrategia, ni perder el rumbo del negocio.

Muchas veces, resulta, difícil, no cuestionarse, si la verdadera razón del fracaso empresarial, es una estrategia incorrecta, o, por el contrario, el producto del olvido de cuales son los verdaderos objetivos y propósitos de la empresa como negocio. Si la estrategia empresarial, es un Plan de Acción, el fracaso empresarial, puede no deberse tanto, a una estrategia mal concebida y ejecutada, sino más bien, a la ausencia de un criterio coherente en la elección de la estrategia empresarial. La estrategia que dispersa los recursos y esfuerzos de la empresa, para alcanzar mayores cuotas de excelencia y consolidación de su posición en el mercado, terminará por conducir la empresa, cada vez más lejos, de los objetivos y propósitos del propio negocio.

Al perder, o no recordar, el objetivo o propósito del propio negocio, la  empresa, al igual que el “hijo pródigo”, en la parábola bíblica, termina por sucumbir, a los “cantos de sirena” de un mercado que, le propone, consolidar, a corto plazo, su posición en el mercado, a cambio de posponer, y consecuentemente, olvidar, sus verdaderos objetivos, como negocio. Esto hace que, a la hora de decidir, que estrategia seguir, la empresa, no se pregunte, quien es, como negocio, ni a donde quieren ir, como empresa, terminando por considerar, como aceptable, cualquier estrategia empresarial. Sólo, las empresas, con un liderazgo fuerte, centrado en desarrollar un sentido de identidad concreto, alrededor de un único propósito  y objetivo, terminarán eligiendo, las estrategias, que les permitirán crecer en línea con la naturaleza de su negocio.  El liderazgo generado por la claridad de los objetivos y propósitos del negocio, es lo que termina, facilitando, la elección, no sólo, de la estrategia empresarial más idónea, sino, también, del camino que ha de seguir la empresa, para desarrollar, a medio y largo plazo, dicha estrategia. La coherencia, por tanto, entre, estrategia elegida y cultura empresarial, es lo que, termina permitiendo, que la empresa se adapte, a un entorno dinámico, sin cambiar de estrategia, ni perder el rumbo del negocio.

Dado que, las razones, que motivan las personas a emprender un negocio, no son, sólo, el producto de un pragmatismo utilitarista, sino, más bien, el resultado de una convicción ética, moral e ideológica, la base ética del negocio, termina siendo el elemento motriz de la actividad emprendedora, cuya fuerza, es, sólo, paragonable, a la de la “fe”, en la religión. De hecho, la energía que se canaliza en el diseño, desarrollo y puesta en funcionamiento de una empresa, es en gran parte, lo que permite a los futuros emprendedores, superar, los riesgos económicos y prácticos, vinculados con la puesta en funcionamiento y futura supervivencia del negocio. La convicción ideológica, por tanto, es la que da validez al propósito y objetivo del negocio, convirtiéndose, en una “fe ciega”, que, no sólo, mueve al futuro emprendedor, sino, que lo transforma, en un superhombre, capaz de alcanzar cualquier meta.  La esencia moral, ética e ideológica, del propósito y objetivo de una empresa, es, lo que termina definiendo a “la empresa”. De ahí que, la ausencia, de un objetivo y propósito, vacíe de contenido, la actividad empresarial, transformando el negocio, en una mera sumatoria de instrucciones, procesos y recursos, carentes de sentido, con los que nadie puede identificarse

Mientras las estructuras organizativas de la empresa sigan siendo simples, y los tecnicismos operativos de su funcionamiento, no excedan la capacidad de comprensión de los empresarios, es posible, que los cantos de sirena del mercado, resulten ineficaces a la hora de desviar la empresa de sus objetivos como negocio. Lo que sucede con la empresa a este punto, es que, su ángulo de visión del negocio, es bastante estrecho, dada la imperiosa necesidad de garantizar su supervivencia en el corto plazo. Por ello, mientras la empresa sea pequeña, y la naturaleza de su estructura productiva, simple, sus productos sencillos y sus mercados, modestos, en número, mantener la identidad entre objetivo de negocio y estrategia empresarial, resultará relativamente fácil. Sin embargo, conforme crezca la empresa, la naturaleza de su estructura productiva, se complicará, con el aumento del número y complejidad de sus productos y la diversidad de sus  mercados. Esto, requerirá de sus directivos, trabajadores, accionistas y clientes, un esfuerzo de adaptación y reinvención, ética, moral e ideológica, para garantizar un desarrollo pragmático del negocio. En este contexto, mantener la sencillez, claridad y precisión de la estrategia empresarial, no resulta fácil, ya que, a medida que la esencia de la empresa como negocio, se vuelve más compleja, se tiende a relativizar el propósito y objetivo fundacional de la empresa. Esta relativización, hace que resulte más difícil, para directivos, trabajadores, accionistas y clientes, identificarse con la empresa

En resumen, la falta de convicción (fe), en los objetivos y propósitos de la empresa, lleva a que, sus directivos, trabajadores, y aún menos, sus clientes y accionistas, estén dispuestos a identificarse con unos principios éticos y morales que han dejado de tener sentido para ellos. De ahí que, las empresas, se vean obligadas a incurrir en continuos cambios de rumbo y de estrategias, forzadas por el comportamiento mercenario de directivos, trabajadores, accionistas y clientes dentro y fuera de la empresa

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