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El Amor como estrategia WIN-WIN en la empresa


Escrito por Javier Sanchez el 05 de Setiembre del 2012

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Recientemente, se publicó, en nuestro portal, una entrevista a Borja Milans del Bosch y de Oliva , de la empresa Coaching360, sobre el tema “La necesidad de llevar el Amor a las empresas”; un tema tan inusual, como atractivo y controvertido. Este tema, resulta algo peculiar en el contexto del mundo empresarial, y si me apuran, contradictorio. Cómo puede alguien, si quiera, plantearse integrar en un entorno tan individualista, ferozmente competitivo y altamente frío y calculador, un concepto, tan sumamente integrador, comprensivo y amable, como el “amor”.

Borja, aborda la cuadratura del círculo, al plantear llevar el amor a la empresa, argumentando que el amor es como una inversión en la que siempre se termina recibiendo (beneficios), más de lo que se ha dado (invertido). Lo sorprendente del amor, como inversión, es que el análisis coste-beneficio, tendemos a verlo como negativo, dado el alto riesgo que supone dar (invertir), sin la garantía de recibir a cambio (dividendos). Sin embargo, como dice Borja, en la entrevista, si bien el amor no conoce de avales, siempre termina devolviendo el préstamo antes de tiempo y con creces. Para Borja, la generosidad humana, presente en todos nosotros, sólo espera la ocasión para explayarse, desafiando, cualquier cálculo contable o análisis de riesgo, debido a su carácter humilde, que esconde, la mayor de las riquezas, el deseo que tienen las personas de compartir sus sentimientos, ilusiones, deseos de vivir y hacer cosas, algo que construye inmejorables contextos profesionales y espléndidos climas laborales. 

Desde un punto meramente individualista, invertir en amor, resulta rentable para los directivos de empresas, en cuanto, a través de comportamientos de grandeza (que no grandiosidad), resulta más fácil motivar a las personas y empoderarlas (empower) con nuevas y mayores responsabilidades, sabiendo que el mero hecho de confiarles generoso aprecio y reconocimiento responsable, les motiva mucho más que subirles el sueldo, o darles más “poder” dentro de la organización. Es aquí cuando el salario emocional adquiere verdadero valor y genera lealtad. El amor, actúa, como un insecticida, que, al rociarlo sobre las personas, mata todos los miedos y libera la creatividad atrapada en ellas, pues es generador de reconocimiento. La liberación de esta potencialidad creativa, permite, no sólo, maximizar el nivel de rendimiento de la persona, sino incrementar también su nivel de satisfacción, con el trabajo realizado y con sigo misma. 

Es en este contexto, que el amor va desvelando casi imperceptiblemente entre las personas una nueva forma de comportarse y relacionarse entre sí dentro de la empresa, va favoreciendo un “ambiente latente” que hace que se sientan mejores personas y mejores profesionales, más felices y satisfechos consigo mismos y con el desempeño profesional que llevan a cabo. Estos resultados, legitiman, esta nueva forma de entender la vida, las relaciones con los demás y sobre todo, nuestro trabajo. 

La cuestión, llegados a este punto es: ¿Como pasar, de una cultura individualista, tan arraigada en la esclavitud del miedo, a una cultura basada en librarnos de nuestros propios miedos para ser felices, a través de hacer felices a otros en nuestros contextos profesionales? Si bien, esto implica un cambio cultural importante, la respuesta a la pregunta ¿Qué tan convencido he de estar para dar el paso?, posiblemente, sea más fácil y obvia de lo que nuestros miedos nos  permitan ver. Si como ejecutivos ya hemos asumido la gestión de la empresa, el verdadero reto, yace, no tanto en nuestras convicciones, sino, en superar el miedo asociado a ¿Qué pasa si me equivoco? y ¿Qué pasa si fracaso? La respuesta no puede ser más clara… pues, te levantas y aprendes de tu error –nunca fracaso- junto a los que te tienden la mano – desde actitudes y comportamientos de grandeza- para levantarte. Lo que no puedes hacer es perpetuar la incertidumbre asociada a la posibilidad de renunciar a vivir y trabajar de forma plena. El fracaso, al igual que el éxito, es parte de la aventura y del riesgo de vivir, no pudiendo ser afrontados, más que, con el entusiasmo y alegría contagiosa del amor hacia uno mismo, hacia lo que hacemos y hacia quien lo hacemos. 

Introducir el amor en la empresa, equivale, a apostar, por una estrategia win-win.

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