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Puede la empresarialidad seguir siendo reactiva


Escrito por Mario Curatolo el 01 de Junio del 2012

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En la medida que la investigación tradicional, responda a los intereses cortoplacistas de las empresas, nunca, anticipará (proactivamente) la satisfacción de las nuevas (aún no identificadas) necesidades de los consumidores, condicionando la naturaleza funcional y operativa del I+D+I, y la transformación de la actividad empresarial.

En la medida que la globalización, fomenta una deslocalización de las empresas, se incrementa la preocupación, a nivel nacional, de si, nuevas empresas, reemplazarán aquellas que han emigrado a otros mercados y destinos internacionales. La consolidación de un paulatino declive económico lleva a preguntarse si el I+D+I resulta suficiente para transformar el tejido productivo y responder a las demandas insatisfechas del mercado, o si por el contrario, es necesario “algo más”. 

La investigación tradicional, trabaja para reproducir, de forma diferente, modalidades de productos y servicios que responden a patrones estandardizados de consumo para rentabilizar, a corto plazo, la inversión en I+D+I. En la medida que la investigación tradicional, responda a los intereses cortoplacistas de las empresas, nunca, anticipará (proactivamente) la satisfacción de las  nuevas (aún no identificadas) necesidades de los consumidores. El carácter reactivo de la empresarialidad, condiciona la naturaleza funcional y operativa del I+D+I, y por tanto, la no transformación de la actividad empresarial. La incapacidad de anticiparse al mercado, a nivel empresarial, afecta la creación y el desarrollo de nuevas empresas.  Al igual, que el conductor de un automóvil, no podrá nunca rebasar la velocidad máxima que puede alcanzar su vehículo, simplemente, manteniendo presionado el acelerador, el empresario reactivo,  nunca alcanzará identificar las nuevas necesidades de los consumidores, mientras continúe respondiendo a los estímulos del mercado, recreando, las necesidades tradicionales de los consumidores, que llevaron, a sus competidores, independientemente de sus esfuerzos “modernizadores” en I+D+I,  a abandonar el mercado o deslocalizarse. La solución, no radica, por tanto, en dedicar más esfuerzos y recursos a potenciar el I+D+I, sino, en usar el I+D+I, de modo diferente. Sólo, una empresarialidad que anticipe (anticipatory entrepreneurship) los cambios del mercado, podrá garantizar, la innovación que regenere la actividad económica.                         

La empresarialidad anticipadora, responde a una nueva filosofía empresarial, en la que el empresario, busca, de manera sistemática, adelantarse a las futuras necesidades del consumidor. Con esta filosofía emprendedora, no sólo, se crearán nuevas empresas, sino, también, se transformarán, más fácilmente, las ya existentes, al reemplazarse, la visión estratégica tradicional, de ensayo y error (trial and error), con la gestión estratégica de adaptación proactiva, a los cambios del entorno. Esto, permitirá identificar y responder, más rápidamente, a las necesidades latentes de los consumidores. Esta “anticipación”, consentirá, al empresario, planificar la asignación de recursos del modo más racional y eficiente, limitando el riesgo vinculado con, el iniciar una nueva actividad empresarial, o transformar la ya existente.

La empresarialidad anticipadora, es, por tanto, producto de un cambio en la cultura empresarial, que se manifiesta en una nueva manera de entender el papel del empresario en el mercado. En este nuevo contexto, la capacidad de supervivencia de la empresa, depende, no tanto, del esfuerzo reproductor del empresario, sino, de su capacidad para identificar las necesidades latentes (más que las necesidades actuales) del consumidor. La creación de nuevas empresas, estará, directamente relacionada, con la capacidad para diseñar escenarios imaginativos, pero plausibles, en los que, el emprendedor moderno, conciba, anticipadamente, los futuros productos y servicios del mercado.  

La creación de nuevas empresas, sin embargo, no puede basarse exclusivamente en la identificación de las necesidades latentes del consumidor, sino, en la creación de nuevos mercados, que permitan satisfacer esas necesidades (mercados donde las necesidades latentes pasen a ser necesidades reales). Los nuevos empresarios, por tanto, han de actuar como creadores de mercado, educando y persuadiendo al consumidor respecto a la necesidad de adaptarse a las modalidades y patrones de consumo, que conlleva la satisfacción de sus necesidades latentes. Esto, comporta, no sólo, un gran esfuerzo de tiempo y dinero, sino, también, unas grandes dosis de convicción y liderazgo, por parte del empresario. El hombre de negocios tradicional, acostumbrado a la dinámica instintiva del corto plazo, es forzado a reinventarse (para sobrevivir) en un empresario racional y planificador, que anticipa los cambios y se adapta a ellos. Este nuevo empresario, ha de desarrollar nuevas capacidades y competencias tanto a nivel personal, como, dentro de su empresa, para poder, así, crear nuevos mercados en los que satisfacer las necesidades latentes de los consumidores. Al anticiparse a las necesidades de los consumidores, el emprendedor, no solo, responde a las nuevas exigencias del consumidor, sino también, a las demandas de los futuros consumidores. La empresarialidad anticipadora, permite no sólo reemplazar las empresas que han sido expulsadas del mercado, o se han deslocalizado, sino, también, transformar las que han resistido los cambios del mercado, reforzando su capacidad competitiva y garantizando su supervivencia en el largo plazo. 

Si bien, el riesgo asociado al desarrollo de nuevos negocios que satisfagan  las necesidades latentes de los consumidores, es alto, los beneficios potenciales, para el empresario, son aún más altos. A diferencia del hombre de negocios tradicional, que recurre (en gran medida) a su instinto riesgófilo, y olfato emprendedor, el empresario moderno, recurre al análisis sistemático de la información disponible, para minimizar el riesgo asociado a la creación de una nueva empresa. Si bien, el riesgo no desaparece, la creación de empresas, deja de ser un evento sujeto a la actividad individual y creativa de emprender, del hombre de negocios tradicional, para transformarse, en una fórmula operativa (si bien, no menos creativa) que permite al emprendedor moderno, maximizar la actuación proactiva de emprender (anticiparse). La capacidad, por tanto,  de una economía de transformarse, dependerá, de, si sus empresarios, siguen siendo hombres de negocios que continúan a escribir, empresa con “H”.                       

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