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La destrucción creadora del éxito, para evitar el fracaso empresarial


Escrito por Mario Curatolo el 30 de Marzo del 2012

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El verdadero responsable del fracaso empresarial no es tanto, el miedo que atenaza la propensión a realizar nuevas inversiones, sino el miedo a realizar cambios dentro del mismo negocio, que eviten el fracaso. La esencia del éxito, radica no tanto en mantener la tradición de glorias pasadas, sino en destruirlas, para evitar ser aniquilado por ellas.



Una de las explicaciones a las que se recurre con más frecuencia para entender el miedo a emprender un negocio, es, sin duda, el miedo al fracaso. Sin embargo, el verdadero responsable del fracaso empresarial no es tanto, el miedo que atenaza la propensión a realizar nuevas inversiones, sino el miedo a realizar cambios dentro del mismo negocio, que eviten que fracase. William Cohen, argumenta que  uno no puede evitar completamente el fracaso, ya que tarde o temprano cometerá errores, y si no los comete, otros los cometerán  por uno. Sin embargo, el mayor de los errores que cometen los empresarios, no tiene que ver  tanto con, el miedo a cometer errores, sino con el seguir haciendo lo que siempre se ha hecho. Mantener el cordón umbilical con un pasado de  éxito, no es garantía de reproducción de ese éxito, sino más bien, una receta para el fracaso en el futuro.  Peter Druker, sintetiza esta idea cuando argumenta que si uno continúa haciendo en el presente, lo que en el pasado le había resultado bien, terminará fracasando (“If you continue to do what made you successful in the past, you would eventually fail”). La esencia del éxito, radica no tanto en mantener la tradición de glorias pasadas, sino en destruirlas, para evitar ser aniquilado por ellas. En un entorno dinámico, el éxito de las empresas, dependerá de su capacidad de destrucción creadora del éxito pasado e inmediato, para evitar fracasar en el presente. En la regeneración y la reinvención constante de las empresas, radica la esencia de su éxito empresarial.  

La tendencia intuitiva de los individuos a mantener, en el tiempo, una línea de comportamiento  uniforme respecto a su actividad empresarial, responde a la comodidad de seguir una senda de aversión al riesgo que encuentra su justificación en la reproducción del éxito pasado. Esto explica que, para muchas empresas, si las vacas sagradas del éxito empresarial producen las mejores hamburguesas, no deberíamos cambiar de producto.  Si bien, para Peter Druker, esto es “un error predecible”, no deja de ser un error que puede costar a la empresa,  su supervivencia en el mercado.

La cuestión es: ¿Por qué las empresas o los individuos no pueden seguir haciendo lo que siempre han hecho, sin que esto condicione su existencia como empresa?  Si, efectivamente, no resulta erróneo, considerar el que las empresas intenten reproducir lo que saben que funciona; la pregunta que se debería plantear a este punto, es: ¿Porque,  entonces,  el seguimiento del éxito pasado, lleva a las empresas, a experimentar la bancarrota, poco tiempo después de haber alcanzado su máximo nivel de rendimiento empresarial?  La respuesta a esta pregunta, radica no tanto en identificar qué podría hacerse para evitar que las empresas sigan la senda de su éxito pasado y terminen en fracaso, sino más bien, en tratar de entender por qué no funciona, lo que antes funcionaba.

La solución hay que buscarla en la dinamicidad de un entorno empresarial que reduce los ciclos de vida de los productos y servicios de las empresas, forzándolas a reinventarse continuamente en un proceso de destrucción creadora. Los cambios sociales, políticos, tecnológicos, económicos, junto con los impactos derivados de eventos puntuales como terremotos de gran magnitud, actos terroristas o estrategias agresivas de competidores, representan eventos que ilustran los síntomas de fenómenos difícilmente predecibles que afectan, sobre todo, a empresas e individuos que no pueden anticiparse o adaptarse a ellos. De la capacidad de gestionar el desconocimiento de lo desconocido, dependerá la supervivencia de empresas e individuos en un entorno cada vez más dinámico.

Si bien, en este entorno, las oportunidades de negocio, aparecen y desaparecen con gran asiduidad, el impacto que tiene en las empresas, el no aprovechar una oportunidad de negocio en este entorno, es mucho mayor, que el desaprovecharla en un entrono más estable, ya que, en el entorno dinámico, pasarían años antes que se reprodujeran (si es que alguna ves se reproducen) esas mismas oportunidades. El ver pasar las oportunidades y no querer cambiar de rumbo, representa el principio del fin de una actividad empresarial, incapaz de anticipar, cuando prepararse para abandonar el rumbo del éxito pasado y reinventarse como empresa, para seguir adelante.

Si bien, los cambios en el entorno generan los eventos que permiten identificar los síntomas de unos cambios más profundos en la actividad empresarial (fenómenos), la reinvención, requiere un cambio cultural en la manera de entender e interpretar los cambios y su impacto en la empresa. Pasar de concebir la realidad empresarial como estática, a entenderla como una realidad cambiante, donde no cabe la utilización de fórmulas de éxito seguro, requiere el abandono de una mentalidad  determinista de la gestión empresarial. Para reinventar la empresa, el empresario tendría que empezar por plantearse las siguientes preguntas estratégicas:

  •  ¿Qué conocimiento tengo, no sólo, de mi sector de actividad, sino del entorno global en el que me muevo?
  • ¿Qué puede (y no qué podría) pasar si….?
  • ¿Qué haría si esto sucede?
  • ¿Existe algo que pueda clasificarse como “normal” en la actividad empresarial?
  • ¿Cuándo cambiar…si nada es para siempre?
  • ¿Cómo usar el cambio para adelantarme a la competencia?


Reinventándose, la empresa asume proactivamente el control de su futuro desarrollo, evitando tener que esperar, cómo, el pasado, dicta su futuro desarrollo como empresa. Para reinventarse, por tanto, el empresario y la empresa, han de creer que “Tantum Vos Can Partum Posterus” (sólo ellos pueden crear el futuro), por lo que han de asumir el papel de creadores de mercado para evitar ser victimas del éxito de su propio pasado. 


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